Hace mucho que no te escribo, mucho tiempo sin saber de ti y mucho tiempo de bendecir cada día que Dios te regala de vida.
Mi felicidad no se basa en ti, pero estoy dispuesta a compartirla contigo.
Te he visto tantas veces a través de estos años y a la vez no te conozco.
¿Me esperas?
¿Me conoces?
¿Me aceptas?
Tantas preguntas en mi cabeza y aun guardas silencio.
Tengo tantas ganas de hablar contigo, de tu abrazo y que me mires como solo tú sabes.
Necesito T, que estés conmigo.
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